WELCOME IKEA HOME, BABY

1 Agosto 2008

Una de las primeras cosas con las que te das de frente al asumir tu vida en solitario es que no tienes a nadie que cambie las bombillas en casa. Quien dice cambiar bombillas dice colgar cuadros, o también montar los muebles del IKEA. Porque si bien es la multinacional quien “redecora tu vida” eres tú (y sólo tú) quien ensambla sus muebles.

Para las que no tienen un padre experto en bricolaje, las soluciones son más bien escasas: o bien te enfrentas al reto con un destornillador en una mano y el tornillo “Sgronholm”en la otra (cual John Wayne del siglo XXI), o bien pagas a alguien para que lo haga por ti, y ésta última solución no está al alcance de todos los bolsillos, o por lo menos no del mío, ya que prefiero invertir ese dinero en otros bienes patrimoniales (léase zapatos, bolsos y otros complementos).

Al principio te maravillas ante la capacidad de los suecos de embalar tu estantería cúbica de 1,85 m x 1,85 m en un paquete plano. Y cuando abres la caja te das cuenta del porqué: lo que hay dentro de la caja no es la misma estantería que has visto dentro de la tienda entre el sofá “Sprungel” y la mesita “Nordskä”, lo que hay dentro de la caja es un puzzle de 1000 piezas a tamaño natural. Y ahora bien, puedes pasarte todo el día mirándolo con cara de boba o puedes ponerte manos a la obra.

Y eso hice.

La primera parte es bastante fácil, seguramente para que ganes confianza montando la estructura, pero cuando llegas a las puertas…

-Ojalá estuviera allí para poder ayudarte a montar tus muebles, nena. -Me dijo mi “amigo online”. (Mi “amigo online” tiene 38 años y vive en la otra parte del mundo. No nos hemos visto más allá de una webcam y seguramente no nos veamos jamás, pero está siempre cerca cuando lo necesito y es el que me da ánimos para seguir cuando empiezo a cuestionarme si tomé la decisión adecuada)

-Cielo, dices eso porque no estás aquí. Te aseguro que si vivieras cerca lo último que querrías sería venir a mi casa con un martillo a pelearte con las baldas de mi estantería.

Él se rió al otro lado del teléfono y yo sabía que había dado en el clavo.

-Seguramente, pero podría acercarme con una botella de vino y pagar a alguien para que lo hiciera por mi mientras nosotros nos sentamos en el sillón.

Hombres…

PD: Mi estantería quedó genial, una puerta esta torcida y la otra no cierra bien, pero eso le da cierta… “personalidad”.

Foto: MundoIkea

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