EN EL CAJÓN DE LA ROPA INTERIOR

5 Septiembre 2008

Eran las 7 de la mañana cuando el taxi me dejó en la puerta de casa. Y eran las 7:25 cuando por fin conseguí abrir la puerta, sujetando mi bolso de mano, el móvil, un paquete de cigarrillos (mañana lo dejo, lo prometo) y una de mis sandalias (la que se le había roto el tacón) en la otra.

La noche fue espectacular: estaba monísima con mi minivestido nuevo, estuve tonteando con un antiguo novio del instituto, me reí, bebí y bailé hasta las tantas (momento en el cual se me partió el tacón de mis sandalias, también de estreno). Me acosté con la sonrisa en la cara recordando una noche perfecta….

…hasta que me desperté el día siguiente.

No se si os pasa, pero a mi, generalmente, los domingos cuando me despierto y empiezo a recordar las cosas que dije o hice la noche anterior, me invade ese sentimiento de vergüenza que yo denomino: “quiero esconder la cabeza en el cajón de la ropa interior”. (Supongo que lo llamo así porque es el primero de la cómoda y me pilla mejor meter la cabeza ahí, o quizas porque está mullidito con la cantidad de lenceria que tengo, no lo se).

Me acuerdo de casi todo, como que el tonteo con mi “ex” estuvo bien, me sentí muy sexy. Él se mostró interesado en mi y me sentí muy cómoda. Tan cómoda como para empezarle a contar lo mucho que lloré cuando me dejó. Momento en el cual le empecé a contar lo sola que me siento muchas veces por la noche después de mi última ruptura. Y si, creo que fue tras esa conversación cuando me puse a tirarle los trastos otra vez… y ahí es cuando él huyó sutilmente.

Y yo, para soportar ese platón me puse a bailar con Paula y haciendo un movimiento sensual me tiré la copa encima. También recuerdo estar atosigando al DJ del local (que guapo que es) para que pinchara el “chiki-chiki”, canción que bailé mientras nos hacian un corrillo a Dani y a mi, y ahora que lo pienso, ya estoy dudando que fuera por lo bien que bailábamos como creí en su momento.

Suena el teléfono. Es Paula:

-Lolaaaaaaaaaaa! Vaya ciego ayer ¿no?

-Mhmm…

-Aún me acuerdo de cuando te subiste a la barra y de la leche que te diste al caerte

(Genial, ahora acabo de recordar cómo me rompí el tacón)

Buscando un poco de consuelo me conecto al Skype:

-Hola nena. ¿como está mi resacosa esta mañana?

-Mhmm…. ¿cómo sabes que tengo resaca?

-Tienes 29 años, eres soltera, guapa y ayer salias con las chicas… estoy seguro de que los chicos no pararon de invitarte…

Adoro a mi “amigo online”, es un amor.

-y… ¿Lola?

-¿Si?

-También estoy seguro que recuerdas cuando me llamaste a las tantas de la madrugada. No estoy muy seguro de lo que me decías porque no vocalizabas, pero me sonó a “te quiero”

Mierda

-No cielo, creo que era… cuando no podía abrir la puerta, te decía que “no puedo”

-Ah!

Los cajones de la ropa interior tendrían que ser más grandes. Para poder meterte dentro y desaparecer… a veces.

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2 Respuestas a “EN EL CAJÓN DE LA ROPA INTERIOR

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